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Las diócesis extremeñas acuerdan medidas para volver a celebrar el culto público

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Las tres diócesis extremeñas han acordado las indicaciones para las celebraciones litúrgicas y sacramentales, especialmente la eucaristía dominical, a partir del 11 de mayo, de acuerdo al plan de desescalada del Gobierno y las pautas de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española a raíz de dicho plan.

Las indicaciones han sido acordadas, en reunión telemática el 1 de mayo, por el arzobispo de Mérida-Badajoz, Celso Morga, el obispo de Plasencia, José Luis Retana, y el administrador diocesano de Coria-Cáceres, Diego Zambrano, acompañados de los vicarios generales.

En el documento facilitado a los medios se incide que la puesta en práctica de este plan para la apertura de los templos puede necesitar de ajustes y modificaciones, para lo que estarán pendientes de las concreciones que hagan las autoridades sanitarias. 

Los obispos han estado en contacto con las autoridades civiles competentes en todo momento «para garantizar que se salvaguarde la salud y seguridad de los feligreses», según se informa en nota de prensa. 

En cuanto al equipo de trabajo, consideran que es recomendable que, en ocasiones, junto al párroco o al sacerdote encargado, exista un equipo (o servicio de orden), que puede estar formado por el Consejo Pastoral Parroquial o algunos de sus miembros, para que se distribuyan entre ellos las diferentes tareas. 

Sobre el aforo, indican que para hacer el cálculo del mismo, excluyendo el presbiterio, el coro y las zonas de paso (que sirven de vías de evacuación), se calculan las personas que, teóricamente, pueden estar sentadas en los bancos a razón de 0,60 centímetros por persona. 

Una vez obtenido el aforo oficial de cada templo, durante la fase 1 se divide ese número por 3 para determinar el número máximo de fieles que pueden participar en la celebración, mientras que en la fase 2 ese número total se divide por 2. 

En ambos casos, precisan, hay que distribuir las personas por los bancos salvando entre ellas la distancia de 1,5 metros (a derecha e izquierda, por detrás y por delante).

Las diócesis destacan que son los fieles, sobre todo en razón de su edad o de su estado de salud, los que decidirán responsablemente si han de acudir al templo o han de quedarse en casa y seguir la misa a través de los medios de comunicación, toda vez que los dos obispos y el Administrador diocesano «han prorrogado la dispensa del precepto dominical».

Previamente a las celebraciones se habrá desinfectado el templo y, con carácter general, se recomienda a los fieles que acudan a los templos con mascarilla. 

Al llegar a la iglesia, se mostrará en algún lugar visible información del número de personas que pueden acceder al templo; y las puertas de acceso estarán abiertas para la entrada a las celebraciones, evitando así que se toquen manillas o pomos.

Antes de acceder al interior, los fieles limpiarán la suela del calzado en alguna alfombra desinfectante colocada para tal extremo y podrán hacer uso de algún gel hidroalcohólico que les será ofrecido por los responsables del servicio de orden. 

Las pilas de agua bendita continuarán vacías y los feligreses encontrarán señalados, por medio de pegatinas u otra señal, los lugares exactos en los que pueden colocarse.

Ya durante la celebración, se especifica que para el canto, se evitarán los coros y se contará con el servicio de un solo cantor, alguna voz individual y algún instrumento musical.

Aparte del sacerdote, el lector que podrá acceder al ambón se limitará a una sola persona; y el cáliz, la patena y los copones estarán cubiertos con la “palia”. 

El cestillo de la colecta no se pasará durante el ofertorio, sino que el servicio de orden lo ofrecerá a la salida de la misa, siguiendo los criterios de seguridad.

Por su parte, el saludo de la paz puede suprimirse o, si no, sustituirse por otro gesto que evite el contacto físico; mientras que el diálogo individual del momento de la comunión («El cuerpo de Cristo»/»Amén») se pronunciará de forma colectiva después del «Señor, yo no soy digno…», distribuyéndose la comunión en silencio.

El sacerdote celebrante desinfectará sus manos antes de repartir la comunión y al terminar de repartirla, y el servicio de orden estará vigilante para advertir a quienes se acerquen a comulgar que guarden la distancia interpersonal de 1,5 metros.

Dada la excepcionalidad de la situación, se aconseja que la comunión se reciba en la mano y sin guantes.

Entre el sacerdote y los fieles que acuden a comulgar puede colocarse algún tipo de reclinatorio para asegurar una distancia interpersonal suficiente, añaden las indicaciones. 

Una vez finalizada la celebración, los fieles encontrarán abierta la puerta de salida y el servicio de orden cuidará que esta se haga de forma ordenada. Al final de las celebraciones se procederá a la desinfección del templo, bancos, objetos litúrgicos, etc.

En relación a otras celebraciones, no se consideran aquí las primeras comuniones y las confirmaciones, ya que, según lo establecido en cada una de las tres diócesis, estas celebraciones quedan fuera del período propiamente de desescalada.

Sobre el sacramento de la reconciliación (confesión), se pide a los sacerdotes que estén especialmente diligentes, dedicando cuanto tiempo sea necesario, y que este se celebre en un espacio amplio, que asegure tanto la distancia interpersonal como la confidencialidad.

Para el bautismo se fija un rito breve, en el que la administración del agua bautismal se haga en un recipiente al que no retorne el agua utilizada y para la unción bautismal, usar un algodón o bastoncillo de uso individual, que será posteriormente quemado.

En el caso del matrimonio, los anillos y arras serán manipulados exclusivamente por los contrayentes, y se mantendrá la debida prudencia en la firma de contrayentes y testigos, así como en la entrega de la documentación correspondiente.

También se establece un rito breve en la unción de enfermos, donde la administración del óleo se haga con un algodón o bastoncillo que será posteriormente quemado.

Si se trata de enfermos con coronavirus, este sacramento se administrará después de haber consultado con personas expertas y extremando las medidas de protección indicadas por las autoridades sanitarias.

En los funerales se respetarán escrupulosamente las medidas restrictivas señaladas por las autoridades sanitarias para las distintas fases; y las misas de difuntos se regirán por los criterios que se han señalado anteriormente para la eucaristía. 

Aunque es particularmente difícil en esos momentos de dolor, los sacerdotes insistirán prudentemente en que «se mantenga la distancia de seguridad y se eviten gestos que impliquen contacto personal». (Agencia EFE).

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