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Franganillo: «Una de las mayores equivocaciones de mi vida fue avalar con 800 mil euros a la familia Oliver»

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El presidente del Extremadura, Manolo Franganillo, quiso dejar claro en su comparecencia del martes en el estadio Francisco de la Hera que su intención es quedarse en el Extremadura con otro grupo inversor. De momento, sus intentos por encontrar capital para abonar a Oliver su parte no han llegado a buen puerto.

La relación con Oliver ha pasado por diversas etapas desde la llegada el empresario navarro al Extremadura en diciembre de 2016, cuando, según explica Franganillo, el abogado Joaquín Zulategui, en un primer encuentro, le ofrece 300 mil euros por marcharse y dejar el club en manos de la familia Oliver.

“Llegamos a un acuerdo. Fueron bien acogidos. 50 por ciento para cada uno y ellos se hacían cargo de todos los gastos porque yo ya había puesto lo que había que poner”, comenta Franganillo.

El presidente azulgrana no pasó por alto en su comparecencia citar que las nóminas en segunda B, en su momento, “las paga José Franganillo Rodríguez” (su padre) y que “el primer césped lo paga Cifranro” (su empresa).

Oliver pone dinero, acapara la parcela deportiva, se traen jugadores y se rescinde a otros. El equipo se salva y se confecciona un proyecto para ascender a segunda A. La idea era hacerlo en tres temporadas, de ahí los contratos largos que se redactan y que, a la postre, han supuesto una losa para las arcas del club. 

“Nosotros, 90 por ciento y tu el 10 y te ponemos un sueldo de presidente, me dicen. Yo no cobré sueldo de presidente”. Franganillo acepta las condiciones.

El proyecto desemboca con el ascenso al fútbol profesional que conlleva la conversión en SAD. “Los 235 mil euros de la conversión los aporta Manolo Franganillo”.

“Siempre he sido muy respetado por esa familia, pero había puesto el dinero y no tenía el mando. Empiezo a ver que hay circunstancias que no me gustan y les digo que se vayan de aquí. Esto trae consigo un primer desacuerdo antes del mercado invernal de la primera temporada en segunda”.

Franganillo sufre un problema de salud en noviembre de 2018 que le hace replantearse si merece la pena seguir: “Estuve amedrentado. La familia Oliver estuvo conmigo”. En un principio, estuvo dispuesto a marcharse: “Me ofrecen una cantidad por mi porcentaje. Me ofrecen dos millones de euros y me voy. Les dije que sí, y, luego, que quería seguir en este barco con ellos”.

Entonces, se produce un nuevo acuerdo por el que el 80 por ciento es de Oliver y el 20 restante para Franganillo. Además, en mayo, cuando el equipo firma la permanencia, le pagan 400 mil euros a Franganillo.

Cuando el equipo se mantiene, el CSD obliga a la sociedad a aumentar capital en 3 millones de euros. “Ellos tenían que poner el dinero de la ampliación, pero, llegado el momento, no lo tienen. Cometo una de las mayores equivocaciones de mi vida: pongo 1.650.000 euros de mi parte y avalo con 800 mil euros a la familia Oliver”.

El porcentaje pasa a ser del 51 por ciento para Franganillo y 49 por ciento para Oliver, “ya que ellos habían puesto 500 mil euros”.

Oliver le dice a Franganillo, posteriormente, que “no creo que sea justo, tenemos que quedarlo 50-50”. “Actúe de buena fe. Por mí no había problema”, comenta el presidente. Se hace una segunda ampliación de capital. Fueron 64.924 euros, a través de Viriato Sport, empresa de Oliver, quien “quería traer a su gente porque lleva detrás un equipo humano. Tenía un coste, y lo acepté todo”.

En septiembre del año pasado, advierte de que “si no cobramos lo de Enric y Chacón, habrá tensión de tesorería. Había un inversor, pero me estafo. Hay un distanciamiento porque ellos pensaban que salían del Extremadura rentabilizando su inversión. Fue un disgusto para todos”.

El 26 de diciembre, “se reúne un consejo clandestino, que se eleva a público, para que se me comunique mi destitución. Me puso el pie en el cuello.  No admito la deslealtad. Le dije: “ ya no eres mi amigo y no te voy a ayudar nunca más”. Entonces, o se va uno o se va otro o cerramos los ojos y nos damos un abrazo”.

Y, a pesar de todo, “le tiendo la mano”. 

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