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La espiral autodestructiva del Extremadura

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La crisis deportiva e institucional del Extremadura UD SAD parece no tener suelo.

Los hechos acontecidos en la tarde de este sábado entre el presidente del club, Manolo Franganillo, y Antonio Muñoz, uno de los hombres de confianza de Oliver, no son sino la escenificación del clima irrespirable entre los dos accionistas.

El Extremadura tiene un capital social de 3.311.130 euros que se reparten al 50 por ciento Cifranro (Manolo Franganillo) y Viriato Sport (familia Oliver).

A día de hoy, el consejo de administración está formado por seis personas: Manolo Franganillo, Fran Vidal, Leandro Izquierdo, Luis Oliver Sierra, Alejandra Oliver Sierra y Teodoro Brea; o sea, tres por cada accionista. Igualdad en el consejo que solo rompe el presidente con su voto de calidad.

Esta información se puede comprobar en el registro mercantil.

No hay constancia de que haya habido movimiento alguno en el consejo, ni de que Franganillo haya sido destituido de su puesto, para lo que, por cierto, tendría que haberse reunido el consejo con una mayoría de 4 a 2 de Oliver.

Ante esta situación, ¿quién manda en el club? El presidente es el que tiene la última palabra en la toma de decisiones con su firma.

Franganillo ha estado buscando, y lo sigue haciendo, un inversor que ponga el dinero para comprar la parte de Oliver y este también ha ofrecido dinero a Franganillo para que el presidente abandone el barco.

Sobre las cantidades, se han contado muchas historias. Se habla, incluso, de un contrato entre las partes por el que, en caso de venta del club, el 63 por ciento corresponde a Oliver y el 37 por ciento restante a Franganillo; aunque, oficialmente, la sociedad se divide a partes iguales entre los dos.

Lo que era un matrimonio feliz desde hace tres años, cuando llegó Oliver, se ha convertido en un divorcio total con un odio visceral entre las partes. Atrás quedan aquellas palabras de Franganillo en las que decía que en Oliver había encontrado “un amigo para toda la vida”.

Ambas facciones se tiran los trastos a la cabeza sobre la gestión del club y sus cuentas.

El Extremadura no tiene deudas importantes pero no tiene liquidez para afrontar pagos; y eso está ocurriendo, posiblemente, por una mala planificación a todos los niveles. También es cierto de que hay ciertas cantidades a ingresar pendientes provenientes del Danubio, por la venta compartida del uruguayo Tomás Chacón a la liga americana, y del Huesca, por el traspaso al Getafe de Enric Gallego.

Hay problemas de cobro de la cantera y de proveedores del club.

El ambiente en las oficinas y los despachos es irrespirable.

Solo puede quedar uno; de lo contrario, el Extremadura se desangrará.

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