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El árbitro y el VAR no imparten justicia en el empate del Extremadura

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A estas alturas de la película, los que vienen pregonando los desmanes del VAR se están cargando de razones, una semana sí y otra también, para desacreditar a una herramienta necesaria para el fútbol pero que se ha vuelto incontrolable en manos de un colectivo incapaz de asumir sus errores y que demuestra, jornada tras jornada, su incompetencia.

Más allá de uniformidad en los criterios, protocolos… y gaitas, es difícil encontrar una explicación a las decisiones adoptadas por Iglesias Villanueva y el VAR en el empate entre el Extremadura y el Alcorcón, decisiones que, una vez más, lastraron a los azulgranas en su ímprobo esfuerzo por lograr el triunfo.

En el campo dio la impresión de que lo que estaba ocurriendo no era para tanto; por eso, lo de Iglesias Villanueva se puede llegar a entender. Lo que no es de recibo es que el VAR no viera una mano de Diéguez apartada de su cuerpo en área alfarera -penalti y amarilla, que era la segunda-, que la segunda amarilla que ve Óscar Pinchi por una entrada a Boateng no fuera anulada ya que el azulgrana tocó el balón, o que no se pitara penalti en un agarrón de Paris a Fran Cruz en un remate que acabó fuera por los pelos.

Son unas acciones tan claras que resulta incomprensible que el VAR no cambiara la decisión del árbitro.

El Extremadura estuvo a punto de ganar, y eso que jugó más de media hora con uno menos, pero, una vez más, a su alarmante falta de gol se une el desaguisado arbitral.

La afición volvió a explotar… y con razón.

Manuel dice que “nada ni nadie podrá con nosotros”; pero la realidad nos invita a pensar que hay demasiadas trabas para pelear en igualdad de condiciones por la permanencia.

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